Rohingya, ¿violencia religiosa o cuento chino?

Geopolítica y limpieza étnica en el sureste asiático actual

Resumen / Abstract 

La persecución a la que se encuentra sometida en la actualidad la etnia rohingya en el Estado de Myanmar, tanto por fuerzas militares como paramilitares, constituye una flagrante violación de los DDHH. El presente trabajo caracterizará los actores principales involucrados en este conflicto durante la presente década: el pueblo rohingya, perseguido acusado de apátrida, la ex Birmania y su estamento militar, y la República Popular China, con sus intereses en la región. Se expondrán las posibles causas detrás de la violencia desatada en el estado de Rakine, como económicas y estratégicas. Se busca hacer un aporte en dirección de considerar como limpieza étnica lo perpetrado contra la minoría étnica y, además, llamar la atención al tratamiento mediático sobre el tema que pretende reducir un cuadro situacional complejo y multicausal a un supuesto conflicto religioso entre musulmanes y budistas.

1) Introducción  

La violencia a la que se encuentra sometida en la actualidad la etnia rohingya, constituye una flagrante violación de los DDHH, agravada por 3 cuestiones destacadas. La primera, el abandono de este pueblo por parte de las autoridades del propio Estado, que no lo considera con derechos ciudadanos; la segunda, el limitado accionar de los organismos multilaterales que, con medidas tibias y paliativas, no garantizan la protección de la mayoría de dicha población. Y la tercera, el rol de las grandes empresas de comunicación que, caracterizando de manera superficial el conflicto o evidenciando en sus reportajes un marcado sesgo de Orientalismo (Said E., 1978), omiten intereses estratégicos en la zona sin la consideración de los cuales, intentar comprender el presente conflicto se vuelve poco probable.

Este trabajo se plantea como objetivo principal indagar sobre las causas de la violencia desatada en el estado fronterizo de Rakine, con epicentro en los años 2012 y 2017. En tal sentido, se cuestionará la perspectiva mediática que abona el conflicto religioso como clave explicativa, en tanto se presentará y desarrollará otra razón que evidencia los apetitos comunes en la zona en cuestión de, por un lado, China, a nivel estratégicos y, por el otro, las élites gobernantes de la ex Birmania, por motivos económicos. Nuestra hipótesis es que unos y otros, apegados a sus respectivos fines, podrían estar motorizando el despeje de dicha etnia de sus tierras ancestrales.

Se pretende también ofrecer un mínimo aporte para la visibilización de lo que se entiende como una “limpieza étnica”, direccionada por acciones y / u omisiones de las autoridades de Myanmar, acentuada en los últimos años e instrumentalizada desde el comunalismo. Para el cumplimiento de lo establecido, se brindará una caracterización de los actores e intereses mencionados y sus interrelaciones, con una perspectiva histórica, contextualizada, que destaque elementos geográficos, políticos, jurídicos, sociales, estratégicos y económicos de relevancia, en concordancia con los objetivos trazados para esta labor.

Otros actores e intereses de relevancia en la región, como los EEUU, la India, Bangladesh y, en menor medida, una supuesta insurgencia que actúa en la zona denominada ARSA (Ejército de Salvación Arakan Rohingya), quedan por fuera de los alcances y objetivos de este trabajo.

2) Marco Teórico 

El encuadre teórico de esta investigación se compone de los siguientes conceptos:

A) Limpieza étnica [1]: De acuerdo con Andrew Bell-Fialkoff (1993) en el nivel más general puede entenderse como la expulsión forzosa de una población «indeseable» de un territorio dado como consecuencia de la discriminación religiosa o étnica, consideraciones de carácter político, estratégico o ideológico, o una combinación de una y otras. Etimológicamente, nos remite a los vocablos serbocroatas etničko čišćenje que se tradujeron al inglés literalmente y que cobraron estado público a partir de la guerra en la ex Yugoslavia en los años 90.

B) Comunalismo [2]: El término, en palabras de Harsh Kapoor, se utiliza en el sur de Asia para describir el mal uso o manejo de la religión con fines políticos; representa procesos de construcción política de identidades comunitarias en base a la afiliación religiosa. Para el autor, el prejuicio socialmente tramado, la tensión y el conflicto entre comunidades religiosas constituyen al comunalismo (Kapoor, citado en Upadhyay y Robinson, 2012). En igual sentido se expresa Engineer en la misma obra, al considerar el fenómeno como un intento de lograr fines seculares a través de medios religiosos.

Las preguntas que orientaron este trabajo son: ¿Es el conflicto y la violencia desatada en Myanmar contra una minoría musulmana en la última década, motivada por intolerancia religiosa? ¿Cuáles son las causas que subyacen esta escalada de violencia, asesinados y desplazamientos? ¿Qué lleva a los distintos gobiernos de Birmania -en su momento- y hoy a los de Myanmar, a acometer de esta manera contra una importante parte de su población? ¿Son realmente problemas de convivencia e intolerancia entre poblaciones con diferentes credos? ¿Hay entre el budismo y el islam una enemistad intrínseca y manifiesta?

Nos adentramos en el desarrollo de la investigación.

 3) En contexto: persecución étnica siglo XXI 

Las confiscaciones de tierra, asesinatos selectivos y en masa, la migración compulsiva de una buena parte del colectivo social nombrado hacia zonas y Estados circundantes, no es una práctica novedosa en el Estado de Myanmar (Ex Birmania desde 1989) y, por el contrario, es un accionar repetido por décadas y manifestado en diferentes intensidades. A juzgar por la historia reciente, por un lado, tanto las múltiples matanzas, como, por el otro, los desplazamientos forzados, son la norma en la región surasiática, con un notorio recrudecimiento en lo que va del siglo.

Los dos momentos más dramáticos por el número de víctimas fatales en dicho período fueron perpetrados, el primero, en el año 2012, con dos oleadas sangrientas transcurridas en los meses de junio y octubre. El segundo de manera más reciente, con una cuota de violencia extrema que se manifestó en los meses de agosto y septiembre del 2017.

El primer caso provocó, según estima la ONG Médicos Sin Fronteras (MSF) -a falta de fuentes oficiales por parte de los estados involucrados en la zona- unos 140 muertos, cientos de casas y edificaciones destruidas, y unos 100.000 desplazados en su mayoría hacia Bangladesh, y también hacia Tailandia, Malasia, etc.

El segundo, según ACNUR, estima al menos 6.700 muertos, de los cuales 730 son niños menores de 5 años. Desde entonces, según otro informe de MSF, se calcula que “más de 670.000 rohingya han huido de la violencia en Myanmar” (Informe MSF).  A dicho cuadro habría que sumar, además, las 200 mil personas previamente instaladas en campamentos improvisados en Bangladesh, quienes llegaron allí a lo largo de las últimas décadas intentando sobrevivir de la violencia sistemática que la república presidencialista de Myanmar imparte, paradójicamente, en menor proporción cuando fue gobernada por una junta militar, que en la actualidad por un gobierno de corte democrático. Según el informe anual de Amnesty Internacional sobre la ex Birmania:

“La situación de los derechos humanos empeoró radicalmente. Cientos de miles de rohingyas pasaron al vecino Bangladesh huyendo de los crímenes de lesa humanidad que se perpetraban en el estado de Rajine. La población rohingya que permaneció en Rajine siguió viviendo bajo un sistema de apartheid. El ejército cometió numerosas violaciones del derecho internacional humanitario. Las autoridades siguieron restringiendo el acceso de la ayuda humanitaria al país. La libertad de expresión continuó restringida.” (Informe 2017-18: 324)

Por su parte, estas cifras consideradas por los distintos informes de los organismos internacionales, contrasta con lo expresado por el embajador de Myanmar en la Asamblea de Naciones Unidas, en un encuentro llevado adelante el día 25 de septiembre del 2017, para abordar los graves acontecimientos. Hau Do Suan, en defensa del gobierno de su país, argumenta: “No existe una limpieza étnica. No hay un genocidio (…) Los líderes del Myanmar, que hace tiempo se vienen ocupando de la libertad y los derechos humanos, no acogen semejantes políticas. Haremos de todo para evitar la limpieza étnica y el genocidio”. (Asianews, Portal de noticias, 20-09-2017)

El Orientalismo de los Medios hegemónicos

Esta tragedia humanitaria de grandes proporciones descrita de forma sucinta en los párrafos precedentes, recibe un tratamiento mediático que, lejos de facilitar la comprensión a sus audiencias y lectores, la obstaculiza. Esto se evidencia cuando destacados portales de noticias, titulan y analizan informaciones al respecto, de manera –casi- excluyente en clave de conflicto religioso, describiendo las violaciones de DDHH como enfrentamientos entre creyentes de diferentes credos.

Algunos ejemplos de portales noticiosos ilustran lo antedicho: “La ONU alerta sobre la violencia religiosa en Birmania, donde hay 112 muertos” (BBC, 26-10-2012); “Choques entre budistas y musulmanes incendian el oeste de Myanmar” (EL PAIS, 11-11-2012); “Aumentan a 43 los muertos en Birmania causados por la violencia religiosa” (RTVE, 26-03-2013); “Budistas descrevem massacre de minoria muçulmana em Mianmar” (Folha de Sao Paulo,10-02-2018).

Que este tipo de abordaje sea reiterado en diversos medios y que se omitan otros posibles en clave política, económica, estratégica, etc., a juicio de este trabajo podría ser evidencia de una intencionalidad no manifiesta, de asociar la violencia e irracionalidad desatada, con las creencias de los pueblos involucrados de una u otra manera en los graves hechos.

Así, al sobredimensionar las adscripciones espirituales de los protagonistas en la responsabilidad de los acontecimientos, se invisibilizan otros factores y actores que, si fuesen abordados, facilitarían una mayor comprensión de lo ocurrido. China, por ejemplo, un actor que pasa de manera inadvertido y sin el cual resulta ininteligible no solo cualquier diagnóstico sobre la materia, sino sobre toda la región.

Es importante hacer este llamado de atención, de un posible Orientalismo implícito en tales abordajes, a tono con el discurso e intereses hegemónicos, principalmente reforzados con este sentido desde el 11 de septiembre de 2001. Momento bisagra a partir del cual los medios masivos extienden y aumentan la estigmatización que diversas generaciones de intelectuales occidentales, habían venido construyendo desde antes del siglo XIX, sobre las cosmovisiones asociadas a Asia y África, como afirma Bou L. en su trabajo “La visión europea del mundo afroasiático” (S-F).

En este tipo de caracterización, una supuesta violencia irracional resultaría «intrínseca» a las culturas de los pueblos en cuestión, y, por lo tanto, causa atemporal, primera y última de cualquier conflicto, donde masacres y persecuciones violentas se sucederían como parte de “la normalidad” de esas “lejanas” latitudes. Así, desde esta perspectiva, un análisis riguroso sobre los hechos descritos, que, por otro lado, podría ayudar a concientizar a la opinión pública mundial sobre la dimensión de la tragedia, importa poco, bastante menos que la posibilidad de incriminar –como tantas otras veces- al islam y, para este caso, de igual manera al budismo.

A contracorriente de este accionar, de su prejuicio ideológico, de su mayor o menor intencionalidad de aproximarse de manera convincente a los hechos, a continuación, se ofrece un abordaje contextualizado y crítico del presente de la región surasiática, con el foco direccionado a los actores e intereses mencionados en el resumen.

4) Actores principales en juego: breve caracterización

4.1. Unión de Myanmar

Por su delimitación geográfica está ubicada en Asia Meridional y Oriental en la Península de Indochina. Al este comparte una frontera de 193 Km. con Bangladesh y de 1.493 Km. con India. En tanto que su frontera al oeste, con países como China, con 2.185 Km., Laos de 235 Km. y Tailandia de 1.800 Km. Por último, al sur se extiende una línea costera de 1.930 km. bañada por el mar de Andaman.

Este país en términos sociales es un mosaico de grupos étnicos como resultado de su ubicación estratégica entre China, India, Bangladés, Laos y Tailandia. Junto a la mayoría birmana (68%) conviven, entre otros, shan, karen, rakhine, chinos, indios, quienes conforman casi un tercio de sus 56.320.206 habitantes como minorías étnicas. De igual forma, la mayoría del país es de religión budista (89%) frente a otro 10% entre los que se encuentran cristianos, musulmanes y animistas.

Mapa del Asia. Myanmar en destaque.

Historia política y económica (S. XVIII, XIX y XX)

El incremento de la presión comercial y la política europea sirvieron de entorno para el ascenso y caída de la última dinastía birmana, conocida como Konbaung, que había gobernado dichas latitudes desde mediados del siglo XVIII. Durante el siglo XIX Gran Bretaña conquistó Birmania tras tres guerras en los períodos 1824-1826, 1852-1853 y 1855-1856, para luego incorporarla a su Imperio y administrarla como si fuera otra provincia de la India.

El gobierno británico tuvo que enfrentarse a continuas resistencias en forma de guerrillas no reconocidas por éste, más que como dacoity, es decir, un tipo de bandidaje al cual buscaba restarle gravitación política. Mientras tanto, varias etnias de distintos estados y reinos próximos ocuparon las actuales fronteras del país a lo largo de todo ese siglo. A principios del siglo XX, Birmania era uno de los estados más ricos en el sudeste de Asia, con vastas reservas de combustibles fósiles, rubíes, oro, jade, estaño, cobre, madera de teca, y una plenitud de otros recursos naturales.

Ya durante el XX, en 1937 el país se convirtió en una colonia autónoma separada de la administración de la India. En el contexto de la segunda guerra mundial, los japoneses ocuparon en 1942 el país con la cooperación de los birmanos que no habían simpatizado con los británicos. Fue Aung San, un abogado local que se erigió con el poder para entonces con auxilio nipón, para luego cambiar de actitud cuando en 1944 ofreció cooperación a los británicos que, aunque triunfantes en el conflicto bélico contra el Eje, ya sin fuerzas ni intereses aparentes para mantenerse en el país.

Posteriormente Birmania obtuvo su independencia de la Commonwealth en 1948. Durante buena parte de la segunda mitad del siglo gobernó el general Ne Win, desde 1962 hasta 1988, primero como líder militar y luego como presidente autoproclamado. Desde la segunda mitad del siglo en adelante y principalmente después de más de 40 años de dictaduras militares, el país se vio relegado de forma paulatina a ser uno de los más pobre de la región en materia de PIB, como resultado -al menos en parte- de su aislamiento, la represión interna, la regresión en el estado de derecho y un alcance limitado de la educación formal, además de la mala gestión económica y los conflictos civiles internos permanentes.

Militares birmanos: una élite con poder en democracia.

Los gobiernos de Myanmar, como fue mencionado, tras la independencia fueron dirigidos principalmente por juntas militares. Éstas rigen sin contrapeso el devenir de este país del sudeste asiático incluso desde marzo del 2016, cuando pasó a ser presidido por el primer civil desde el año 1962, en la figura del político, escritor y académico Htin Kyaw. El mandatario, en los hechos, ostenta un escaso poder que divide con una de sus principales consejeras políticas: la premio Nobel de la Paz del año 1991, Aung San Suu Kyi, figura pública de destaque internacional.

A pesar de los cambios, las dictaduras militares supieron mantenerse desde las sombras en lo más alto y no entregaron las riendas del poder a cabalidad. Como destaca el informe de Amnesty Internacional, transcurrido un año de gobierno no militar: “el ejército mantenía un considerable poder político y continuaba sin estar sujeto a supervisión civil”.(Amnesty Internacional, informe 2017-18: 324).

4.2. Grupo étnico Rohingya

El término rohingya es una categoría étnico-religiosa que significa musulmanes cuyo hogar ancestral es Arakan (Estado de Rakhine). Los orígenes históricos de éstos suponen dos direcciones, una que se remonta a inicios del siglo VII cuando comerciantes árabes musulmanes se establecieron en la antigua Birmania para dedicarse al comercio y, la otra, más actual, los describe como personas de origen bengalí vinculados a Chittagong, lugar a cuya lengua también están relacionados al otro lado de la frontera, en Bangladesh (Ex Paquistán Oriental desde 1971).

A los que se instalaron varios siglos atrás en los actuales territorios de Rakhine, se les fueron sumando aquéllos que ingresaron a la ex Birmania en décadas más recientes desde la misma zona. Por tanto, este colectivo es de ascendencia surasiática y se distingue de la mayoría de la población birmana, cuyo origen se encuentra en el este de Asia, siendo además en su mayoría de religión budista.

Rakáin es uno de los siete estados que constituyen Myanmar y se sitúa en la costa occidental del país en una zona de llanuras costeras y ríos, aislada del resto por la cadena montañosa Arakan Roma. Al mismo tiempo, se encuentra separado de Bangladés por la frontera natural del río Naaf.

Esta minoría étnica, lingüística y religiosa, se concentra en su mayoría en el norte de dicho estado, y cifra su población según estima la ONU (Guedes, 2015) en 1.300.000, de los cuales 800 mil carecen de ciudadanía birmana. La misma practica una versión sufí del islam, habla un dialecto bengalí, no pertenecen a ninguna de las etnias reconocidas oficialmente en la actualidad, y son la única comunidad musulmana del estado de Rakáin.

Dicho estado es una de las áreas menos desarrolladas del país, situado en el segundo puesto del ranking de las regiones más pobres del país entre 2009-2010 (Integrated Household Living Condition Survay), con una estimación del 43,5% de la población viviendo bajo el umbral de pobreza, frente al 25.5% del total nacional. Además, la mayoría birmana ocupa las esferas más importantes de la política, la economía y la educación, relegados los rohinya a ser considerados un pueblo doblemente minoritario: por su religión y su lengua.

Mapa del sudeste asiático. Dentro de Myanmar, en rojo, el Estado de Rakine, epicentro de la violencia.

La exclusión como legalidad

Desde la independencia de Birmania en 1948, los rohingya han sido excluidos paulatinamente del proceso de construcción de la nación, convertidos en la mayor población apátrida del mundo, con énfasis desde los inicios de la década del 80, cuando la junta militar birmana directamente les retiró la nacionalidad. Por tanto, carecen de un documento de identidad con el cual, por ejemplo, poder casarse o viajar sin autorización.

También carecen de acceso al mercado de trabajo y a servicios públicos elementales como escuelas y hospitales. Esta política deliberada de exclusión alcanzó un punto extremo en 1982 cuando el Partido del Programa Socialista de Birmania (BSPP), promulgó una nueva ley de ciudadanía que, siguiendo el principio ius sanguinis, consideraba que para la obtención de la ciudadanía era determinante la nacionalidad de los padres y no el lugar de nacimiento.

Se distinguen tres categorías de ciudadanos a partir de entonces: plenos, asociados y naturalizados. Los ciudadanos plenos son los que pertenecen a una de las 135 razas nacionales asentadas en Birmania antes de 1823 -los rohingya, no figuran en esa lista- cuando empezó la colonización británica de Arakan. La ciudadanía asociada se otorgaba sólo a aquéllos cuya solicitud conforme a la antigua Ley de 1948 estuviera pendiente en la fecha de entrada en vigor de la nueva ley.

La ciudadanía por naturalización se concedía sólo a aquéllos que pudieran presentar “pruebas concluyentes” de su entrada y residencia en Birmania antes de la fecha de su independencia, el 4 de enero de 1948, que además hablaran bien uno de los idiomas nacionales, y cuyos hijos hubieran nacido en su territorio.

A esa altura, muy pocos rohingya reunían dichos requisitos. Sin “pruebas concluyentes” que demostraran que sus antepasados estaban asentados en Birmania antes de la independencia, el Estado les negó el reconocimiento como ciudadanos birmanos y determinó considerarlos bengalíes o, más despectivamente, con el insulto kalar, con fuertes connotaciones racistas.

Otro agravante es el hecho de que el país no sea firmante de las convenciones del Estatuto de los Apátridas de 1954 y de la Reducción de la Apátrida de 1961. Esto le confiere libertad para desconsiderar a los rohingya como ciudadanos plenos de Birmania, quedando así desprotegidos contra diversas formas de discriminación étnica. A su vez, el gobierno birmano impone ciertas políticas específicas sobre aquella comunidad, como la imposición de una antigua disposición con el objetivo de forzarlos a la monogamia y a no tener más de dos hijos (Diario de Pernambuco, 2013).

En 2014 respaldado por la ONU, el Gobierno birmano llevó a cabo el primer censo de ese Estado en treinta años y se identificó por primera vez al grupo rohinya como etnia birmana. Pero la presión de los nacionalistas budistas y el fuerte sentimiento anti-musulmán, en teoría fue lo que se esgrimió, obligaron al presidente Thein Sein a cancelar las tarjetas identificadoras de ciudadanía, revocando así su recién adquirido derecho al voto, y lo que es peor, dando carta de oficialidad a la discriminación.

4.3. China: Intereses estratégicos larga duración.

Las relaciones entre la República Popular China y Birmania se caracterizaron durante buena parte del siglo XX por una evolución permanente de sus vínculos tanto a nivel político como económico, y se profundizaron a partir de la firma conjunta en 1954 de los principios de coexistencia pacífica. El respeto a la soberanía e integridad territorial, la no agresión, la no injerencia en los asuntos internos de otros estados y, la igualdad en las relaciones y el beneficio mutuo, permitieron un marco de acción con beneficios recíprocos, incluso a través del cual las inversiones y el comercio pudieron mantenerse, a pesar de las presiones occidentales para romper vínculos con Myanmar.

Dicho país fue considerado un régimen autoritario de gobierno, que no garantizó en ese territorio los derechos ni las libertades fundamentales de su población y, por tanto, durante la segunda mitad del XX Birmania se vio mayormente aislada de potencias como EEUU, Europa e incluso Australia, que no destinaron allí sus inversiones ni comercio. Por el contrario, a pesar del estamento militar que gobernó el país, China nunca dejó de ser el socio principal del mismo, del cual de hecho era su sostén.

Tanto es así que para 1989 se había convertido en el principal proveedor de armas a dicho Estado, como evidencia el trabajo de Ospina. El mismo, afirma que “el gasto en armamento llegó a 1,4 billones de dólares y además ofrecía instrucción al ejército birmano, para que pudiera hacer frente a las insurgencias de las minorías étnicas que no aceptaban al régimen” (2012: 5)

A inicios del año 2011, con un régimen desgastado por las sanciones económicas occidentales, se llevaron adelante elecciones donde salió electo como presidente un general retirado, Thein Sein, quien ya había desempeñado cargos importantes en el país, como de primer secretario de Estado para la Paz y el Consejo de desarrollo en 1996.

Con la apertura democrática consumada, se mostró un creciente interés por parte de los países que hasta la fecha habían estado de espaldas a Myanmar, en aumentar sus relaciones comerciales, inversiones y turismo en la zona. En este contexto, China refuerza la apuesta y profundiza sus vínculos históricos con las nuevas autoridades democráticas que, a través del nombrado magistrado, dan nuevo impulso a las relaciones bilaterales, e incluso cuentan con el visto bueno de la líder birmana nobel de la Paz, Aung San Suu Ky.

Dicha mujer, que había sido elogiada internacionalmente por sus esfuerzos para restaurar la democracia en su país y, de quien se creía sería una aliada natural de los intereses occidentales que tanto la alabaron: apoya el acuerdo estratégico con China. A contramano de los intereses hegemónicos, pasa a considerar a esta nación como la mejor alternativa para inversiones e importaciones esenciales, principalmente, como resguardo a posibles futuras sanciones económicas internacionales.

5) ¿Violencia en clave estratégica y económica?

El refortalecimiento de las relaciones bilaterales y lo que constituye una verdadera política de Estado sostenida por más de 50 años entre China y Myanmar, se debe en mayor medida a los objetivos estratégicos chinos. Más allá de las distintas élites gobernantes y sus regímenes autoritarios o democráticos, el país supone para los intereses mandarines un enclave de gran relevancia.

Por un lado, constituye una puerta directa al océano Índico, al continente africano y al sur asiático que, además, evita la larga y costosa travesía para llegar a los mismos puntos cardinales por el estrecho de Malaca, considerado uno de los cuellos de botella más importantes del mundo y por donde transita gran parte del comercio global. Por el otro lado, la ventaja del territorio vecino del gigante asiático es que posee grandes reservas de gas natural y petróleo, de sumo interés para el mayor consumidor de energía del planeta.

A esta importancia respondieron inversiones directas y diferentes financiamientos a lo largo del siglo XX e inicios del XXI. A las que hay que sumar las provenientes de Occidente a partir de la recuperación de la democracia en la antigua Birmania, que la han llevado a un destacado crecimiento económico. Como evidencia el diario El País de noviembre del 2014, “tras años de estancamiento, Myanmar renace de sus cenizas. Las principales ciudades del país vibran gracias a un crecimiento económico inédito impulsado por la inversión foránea y el aumento del turismo”.

Así mismo, según el Banco Asiático de Desarrollo (BAD) para 2014, citado por el mismo portal: “La economía ha crecido más de un 7% en los últimos dos años y se prevé que siga al mismo ritmo o incluso más si el calendario de reformas se aplica con celeridad y acierto”. (El País, 07-11-2014)

Este cuadro de expansión de la economía y clima de negocios, con beneficios tanto reales como potenciales sin precedentes, principalmente para las élites locales, vino precedido por un factor insoslayable en la legislación del país que contribuyó con el mismo: la nueva legislación de tierras promulgada el año 2012, que inaugura una fuerte especulación inmobiliaria y la presión subsiguiente sobre la tierra para quienes viven en ésta.

Los autores Suarez y Cabot, al respecto, establecen una relación directa entre la violencia descrita y la nueva legislación. Para éstos “no parece casual el que el conflicto con la minoría rohingya se haya exacerbado tras la promulgación, precisamente en 2012, de sendas leyes sobre Tierras de Cultivo y Gestión de Tierras Vacantes, en Barbecho o Vírgenes que, en la práctica, han favorecido la especulación y los grandes intereses empresariales” (2017: 8)

Resulta lógico inferir, siguiendo la línea de los citados, que la “coincidencia” temporal (2012) entre dicha promulgación y la primera oleada de violencia fuerte en esa década contra la minoría musulmana, no sea tal y, en realidad, estemos ante una posible causa-efecto, de intereses económicos y especulativos que motorizan el despeje de tierras de sus moradores en diversas áreas, con epicentro en Rakine, el estado donde, legalmente, sus habitantes rohinya, no son considerados siquiera ciudadanos.

Ante este panorama, encarnando los intereses inmobiliarios locales, no sería descabellado encontrar al estamento castrense de Myanmar. Su histórico acaparamiento de poder e influencia, lo constituye en un actor de peso fundamental para, al menos, sospechar que pueda estar por detrás de dichos intereses. De hecho, según los autores mencionados, en la actualidad dicho estamento “controla a través de sus propias empresas importantes intereses económicos y se halla presto a negociar con quien pueda financiar la adquisición del dominio de las tierras para actividades en el sector agroalimentario o el de obras públicas” (Suarez-Cabot, 2017:7).

Por su parte, los intereses estratégicos de la república popular China, coinciden en la región, aportando allí una cuota considerable de presión sobre los dominios, con obras públicas de gran porte en la costa de Rakine.

el acuerdo de 2017, donde China invirtió más de 7.000 millones de dólares en mejorar el puerto de Kyauk Pyu, en el estado de Rakhine y el gobierno birmano acordó permitir que China controle a través del 70 por ciento de las nuevas instalaciones portuarias, el puerto mejorado (…) que sería la entrada para un gasoducto y un oleoducto para el crudo que traído del Oriente Medio sería almacenado y luego enviado a China.” (Suarez, V. Cabot, 2017:8).

Este megaproyecto, a su vez, coincide con el año de la segunda gran oleada de violencia contra los rohingya en la última década. Tampoco parece casualidad. Para el autor de este trabajo resulta difícil comprender la limpieza étnica referida del pueblo surasiático, sin relacionar la misma con estos dos elementos centrales. Por un lado, los intereses de carácter geopolítico y estratégico que China manifiesta en la zona y, por el otro, los económicos de las élites militares y políticas birmanas.

Comunalismo, el uso secular de la religión

El concepto comunalismo es usual para describir y caracterizar actos de violencia en ropaje religioso, con fines políticos, seculares, que se desarrollan en la región del sudeste asiático, en particular en la India. El gobierno que cristalizó en 1996 en ese país con la victoria electoral del partido nacionalista hindú, el BJP, como describe Borreguero E. en innumerables trabajos, ha sacado rédito político estimulando conflictos en clave espiritual, entre hindúes y musulmanes, cuando lo que realmente estaba en juego en sus objetivos eran intereses económicos y electorales, su afianzamiento como proyecto político.

Como evidencia el trabajo de Arduino E. sobre la India contemporánea, “el instrumentalismo religioso quedó expuesto como recurso de manipulación de la identidad para el logro de beneficios simbólicos y – o materiales desde el poder” (Arduino E., 2014:12)

Para el caso que nos ocupa en este trabajo, creemos que, para poder avanzar en sus objetivos de conquista de territorios con fines inmobiliarios y especulativos, las élites militares birmanas han podido valerse del mismo recurso que el partido BJP indio, el comunalismo -entendido como el mal uso de la religión con fines políticos-, aprovechando un credo común a la inmensa mayoría de los birmanos, el budismo, y transformándolo en una herramienta islamófoba. Por un lado, que dirija operaciones militares y paramilitares tendientes a la expulsión forzosa de la población indeseable, sin documentos legales, de su territorio y, por el otro, que beneficie los objetivos mencionados de la élite gobernante.

Si bien es cierto que hay elementos y argumentos históricos que pueden avalar que en el sudeste asiático, existen antecedentes de violencia entre personas de fe islámica y otras de credo budista, principalmente cuando Birmania conquistó su independencia en la década del 40 y parte de la élite musulmana abandonó el país, cayendo el peso del racismo sobre las espaldas de la población musulmana más pobre y negra, pasando a verse a los musulmanes en general como ciudadanos de segunda clase con prohibición incluso de sus prácticas religiosas (Euronews en Guedes, 2013), de forma alguna por ello, podríamos afirmar que las prácticas violentas del presente y su profundización, son meras continuidades de aquéllas.

Las “coincidencias” entre el año de la nueva legislación de tierras en Myanmar con la primera oleada de expulsión y muerte de rohingya, por un lado, y la otra, de las mega inversiones chinas en el puerto de rakine, con la segunda ola y limpieza étnica, siembran serias dudas de que se esté en presencia de continuidades de conflictividades históricas. El número de víctimas fatales y desplazamientos forzados de la última década, a una escala sin precedentes, obligan a ampliar la mirada, a sumar otros factores y elementos al análisis, si lo que se busca es arrojar luces al drama rohingya, que favorezcan un diagnóstico más preciso, que posibilite, a su vez, a la comunidad internacional tomar cartas en el asunto. De una u otra forma, es lo que se ha intentado de manera parcial y limitada, hacer en este trabajo.

6) Consideraciones finales

Cuando se aborda más de cerca los motivos y el desarrollo de conflictos étnicos actuales, sean éstos circunscriptos al Asia o a África, las formas que toman los mismos y los medios a través de los cuales se organizan y ejecutan, aparecen de forma invariable lo económico reciente y las rivalidades políticas, en mayor medida que las pretendidas hostilidades antiguas y tradicionales (Lowe, S-F: 3), con las que los medios oligopólicos describen y analizan sus materias.

Este abordaje superficial y cuestionable no solo obstaculiza una comprensión más cabal en torno a los graves acontecimientos, sino que además omite otras variables significativas, como los intereses económicos locales y estratégicos que se enmarcan sobre la zona en cuestión, que tienen en particular potencias regionales como China. La omisión de dichos intereses en el análisis del conflicto, a juicio de este trabajo, esconde una intencionalidad política que busca, tanto, mantener el estigma sobre los pueblos no occidentales, mostrándolos siempre que se pueda, “primitivos”, como, blindar lo máximo posible, todo lo que esté a su alcance, el clima favorable de buenos negocios en la actualidad “democrática” de Myanmar.

A pesar de dicha omisión e intenciones, poner de relevancia los intereses económicos y estratégicos abordados, abre otra perspectiva para comprender los acontecimientos descritos, que permite suponer que el despeje de ciertas zonas del estado de Rakine, no está relacionado con adscripciones religiosas “en pugna”. Sino que la violencia desatada responde a otros móviles, como la fuerte presión inmobiliaria que desde la legislación del 2012 sufren las tierras en Myanmar en general y las de Rakine en particular, o por el impulso de los megaproyectos de infraestructura portuaria en curso chinos-birmanos.

Mientras los defensores del régimen intentan persuadir al mundo de lo contrario, como el representante permanente en la ONU citado, Hau Do Suan, o la propia premio nobel de la paz en 1991, asesora principal del gobierno en la actualidad, Aung San Suu Ky, al amparo de buena parte de las empresas de medios de comunicación a escala global, las consecuencias de la violencia sistemática contra esta minoría musulmana, salen a la luz cada día más desde los trágicos relatos que cuentan en Bangladesh los sobrevivientes que habitan los campos de refugiados, entre otros.

La negación de la ciudadanía como principal mecanismo de exclusión, el trato autoritario a este grupo cada vez más sujeto a prisiones arbitrarias, las extorsiones, el trabajo forzado, las confiscación de tierras, las torturas, los asesinatos en masa, en fin, todos los crímenes de Lesa Humanidad puestos en práctica por acciones y/u omisiones de las autoridades de Myanmar, e incentivadas desde el comunalismo, como describen y atestiguan los diferentes informes de ACNUR, Médicos Sin Fronteras, y Amnesty Internacional, evidencian a juicio de esta labor, motivos suficientes para afirmar que lo que está en curso no es otra cosa que una limpieza étnica contra el pueblo rohingya.

Los fines non santos de esta tragedia de grandes proporciones se intentan invisibilizar junto a las víctimas de la misma, con un ropaje religioso que dice más de la edición mediática guiada por el orientalismo clásico, que del conflicto. Desde esta pequeña labor, en cambio, se buscó evidenciar, analizar y denunciar los intereses reales implicados. Un paso importante sin el cual, encontrar un principio de solución y establecer un marco de justicia dentro del derecho humanitario internacional, sería un camino sin final, tortuoso e incierto como el futuro inmediato del pueblo perseguido.

Bibliografía consultada

A.D. “El estrecho de Malaca y su importancia geoestratégica para la seguridad energética en la región Asia – Pacífico”. Campus Internacional para la Seguridad y la Defensa Urko Del Campo Arnaudas. INFORME SUPLEMENTARIO DE INTELIGENCIA, 2013

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Borreguero Eva, “India, geopolítica en tiempos de cambio”. Revista virtual Política exterior, N 179, Sep-Oct. 2017

Bou, Luis. “La visión europea del mundo afroasiático”. S-F

Guedes. “Sin patria, sin amigos: el caso de los rohingyas, la minoría más perseguida del mundo”. 2015

Fuerzas de Defensa de la República Argentina (Blog) http://fdra.blogspot.com.ar/2018/01/myanmarbirmania-represion-frente-al.html

Ibarra L. “Violencia comunal contra cristianos en Karnataka”. Artículo del Instituto en Relaciones Internacionales. Cátedra de la India. Anuario de Relaciones Internacionales 2016.

Lowe C. “Hablando sobre la tribu. Del estereotipo al análisis”. SF

Ospina M. “Análisis de la incidencia en las relaciones económicas entre Myanmar y China en las dinámicas de seguridad del sudeste asiático SEAN. Período 2007-2011”. Repositario Institucional de la Universidad del Rosario. Colombia. 2012

Said Edward, “Orientalismo”, De Bolsillo, Madrid, 2002

Suarez, V. Cabot, F. “PERSECUCIÓN DE LA MINORÍA ETNICA ROHINGYA EN BIRMANIA/MYANMAR: OTRA PERSPECTIVA”. Ponencia conjunta del mismo título presentada al III Seminario de Investigación URV/UJI, (Empresas y DDHH), Tarragona, octubre, 2017.

Documentos y portales:

Acnur(http://www.acnur.org/noticias/noticia/bangladesh-y-acnur-pactan-un-marco-de-retorno-voluntario-para-los-rohingyas/)

Amnesty Internacional, “Informe 2017-18”

Asianews, portal de noticias. 20-09-2017 (http://www.asianews.it/noticias-es/El-Myanmar-en-la-Asamblea-de-la-ONU:-‘No-hay-ninguna-limpieza-étnica-o-genocidio-en-Rakhine’-41879.html)

El País. Portal de noticias. 2012/06/11 (https://elpais.com/internacional/2012/06/11/actualidad/1339424232_090628.html)

EMOL. Portal de noticias. 16-06-2012 (www.emol.com/noticias/internacional/2012/06/16/545902/muertos-por-violencia-religiosa-en-myanmar-llegan-al-medio-centenar.html)

El País, “Myanmar resurge a toda marcha”, Nov. 2014 (https://elpais.com/economia/2014/11/07/actualidad/1415359897_868897.html)

Folha de Sao Paulo. Portal de noticias. Febrero 2018 (https://www1.folha.uol.com.br/mundo/2018/02/budistas-descrevem-massacre-de-minoria-muculmana-em-mianmar.shtml)

La Prensa. Portal de noticias. 08-05-2017 (https://impresa.prensa.com/mundo/Violencia-religiosa-Myanmar_0_3409909084.html)

Médicos Sin Fronteras. Informe. (http://www.msf.org/en/article/myanmarbangladesh-rohingya-crisis-summary-findings-six-pooled-surveys)

Pulitzer 2018. Premio foto reportaje. (https://www.clarin.com/mundo/dramatico-fotoreportaje-tragedia-rohingyas-gano-premio-pulitzer-2018_0_SJ579OQ3z.html)

RTVE. Portal de noticias. 26-03-2013 (http://www.rtve.es/noticias/20130326/aumentan-40-muertos-birmania-causados-violencia-religiosa/624440.shtml)

[1] Andrew Bell-Fialkoff, «A Brief History of Ethnic Cleansing», Foreign Affairs 72 (3): 110, Summer 1993. Retrieved 20 May 2006. 

[2] Upadhyaya, S.P y Robinson, R (2012) Revisiting communalism and fundamentalism in India. Economic and Political Weekly (47, 36: 35-57.)

Este paper fue realizado por el equipo de investigaciones de majdi.

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